Proceso de trabajo – Videoescultura y videoinstalación

En esta fase del proyecto estoy desarrollando una pieza que combina pintura, objeto y vídeo, pensada como una videoescultura que se activa a través de la proximidad del espectador. El punto de partida es un cuadro en proceso inspirado en la figura de Queen Mother Idia, que funciona como imagen-objeto y como umbral de acceso a la obra.

La pintura no se concibe únicamente como superficie visual, sino como dispositivo. He planteado intervenirla realizando dos orificios en la zona de los ojos, que permiten mirar a través de la obra. En la parte posterior del cuadro se sitúa una estructura sencilla en forma de caja, realizada con cartón rígido, que contiene en su interior una pantalla de teléfono móvil. Esta caja y la pantalla quedan ocultas a la vista y solo es accesible desde el punto de los ojos del retrato, obligando al espectador a acercarse físicamente y adoptar una posición concreta del cuerpo.

Croquis antes de la elaboración del cuadro-caja que almacena la pantalla con vídeo

En el móvil se reproducirá un vídeo en bucle que trabaja la maternidad como archivo simbólico e íntimo. En esta fase estoy probando imágenes fragmentarias, gestos y cuerpos, así como fragmentos del mío propio, evitando una narración lineal o explicativa. Me interesa que este vídeo funcione más como memoria o herencia que como relato, y que su acceso limitado refuerce la idea de intimidad y mirada situada.

Así se vería al mirar por el agujero del ojo.

Paralelamente, he realizado un boceto a boli en el que planteo la disposición espacial de la obra. En él se indica la posición del cuadro en la pared, la caja posterior con la pantalla interior y la separación respecto a una segunda fuente de imagen: una proyección situada a cierta distancia del objeto. Este dibujo me ha servido para pensar la obra en términos espaciales y para decidir que ambos dispositivos no debían compartir el mismo punto, sino generar un recorrido mínimo para el espectador.

La proyección se concibe como una segunda capa de la pieza y se activará sobre mi propio cuerpo. A diferencia del vídeo del móvil, aquí el contenido trabaja el presente y el conflicto: la presión social asociada a la maternidad, al tiempo y a la edad. Estoy explorando el uso de imágenes borrosas, glitches y textos muy breves proyectados sobre el cuerpo, entendiendo este como una superficie atravesada por discursos externos más que como una representación literal. La proyección no aparece de forma inmediata al entrar en la sala, sino como una presencia posterior, reforzando la separación entre archivo y experiencia viva. A continuación un croquis de la distribución de los elementos en la sala de exposición.

En conjunto, el proceso se está articulando a partir de la relación entre objeto, espacio y cuerpo, buscando que el espectador no se limite a mirar la obra, sino que la active con su propio desplazamiento y su tiempo de permanencia. En las siguientes fases continuaré afinando tanto el contenido de los vídeos como la relación entre ambos dispositivos.

Para esta fase del proceso me gustaría saber cómo se percibe la propuesta desde fuera: ¿la relación entre el cuadro, la caja con la pantalla interior y la proyección sobre el cuerpo se entiende de forma clara, o resulta confusa? ¿Creéis que la separación entre ambos dispositivos ayuda a la lectura de la pieza o que necesitaría algún ajuste para que la experiencia sea más directa para el espectador?

Gracias.

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